Corderos y lobos

 La distopia que vemos en las películas no alcanza para describir el mundo en el que vivimos hoy, donde la solidaridad es noticia si hay muertos, ya sea por guerras, crímenes o desastres naturales. Y a modo imaginario, un mundial, una serie de nuestra propia distopia, o la muerte de un Papa, junto con la acumulación y deudas, nos genera una fantasía, esa que hicimos marca registrada "no lo entenderías".



El ensimismamiento que tanto le reclamamos a los poderosos, se saltó todas las clases sociales, gracias a estas pseudo vidas digitales. Un niño de 12 años es ludópata por que juega un casino online, recomendado por su deportista o influencer favorito, y las cripto estafas se mezclan con narcos y tu compañero de trabajo que te invita a invertir en tal o cual criptomoneda o NFT, o alguna estafa piramidal que te promete ser un millonario instantáneo.

Mientras, esperábamos el desenlace de la vida del Papa Francisco desempolvamos cuanta profecía apocalíptica encontramos en algún archivo, lectura de tarot o constelaciones familiares de San Pedro. Y llegó el apagón en la península Ibérica, para matizar una semana que cerró con un terremoto en Chile. 

Ni Orson Wells con su "Guerra de los Mundos", se hubiera atrevido a tanto. Miles, cientos de miles, con cuentas en redes sociales se convierten en criminales, desviven personas, por supuesto "en vivo y en directo"; el click bait es el nuevo rating. Y no, no esperen que hable aquí de Gran Hermano, eso debería ser asunto de un fiscal.

En el medio, los políticos no innovan y siguen haciendo campaña escupiendo las cosas que no hace el gobierno de turno, que se supone tenían que haber hecho ellos cuando estaban de turno, en un bucle temporal, que cambia de alianzas, partidos. Ambidiestros todos, por las dudas 

¿Lo ven?, nuestra distopia no necesita extraterrestres, si tenemos un ultra millonario jugando con cohetes y la democracia de un continente, con su vecino rubio ceniza, número 6. 

Ni toquemos el tema latinoaméricano, quiero seguir viva, la visa ya no creo que me la den. No, no trato de esconder mi sarcasmo, ni soy poco profesional, insisto, describo la distopia original, esa en que vivimos, sin pintar la pantalla de gris o amarillo, o hacerla un musical o una bodyhorror (es el género cinematográfico, que se supone es una crítica social).

Me gustaba cuando la ficción era ficción, como Matrix; por las dudas aclaro sigue siendo ficción, no una forma de culpar a los demás por tu falta de responsabilidad en la vida, o crear comunidades que odien o sean supremacistas. No son "redpillers", son misógenos. No son incels o femcels, son jóvenes educados por pantallas que sufren de acoso escolar, o una educación inexistente, por tantos factores que estaríamos aquí escribiendo un libro. No para juzgar o culpar. Para cambiar. 

¿Y las víctimas qué?, me dirán. Bueno, duermen silenciosas, algunas en un limbo, otras enterradas, otras calladas, muchas olvidadas. "Miro el futuro repetir el pasado", como dice una canción. Un futuro que se construye cada cuatro años, queda inconcluso, hasta que venga el próximo protagonista, en ese bucle constante. En esta distopia mundial, todos somos corderos y lobos. 

Por Mariana A. Alegre 

Publicado el 8 de mayo de 2025 en Diario Norte, digital